Ordenanzas
Nuestro Señor Jesucristo nos dejó solamente dos ordenanzas, dos ritos que debemos hacer constantemente como iglesia: El bautismo y la cena del Señor.
La Cena del Señor - Pero al anunciaros esto que sigue, no os alabo; porque no os congregáis para lo mejor, sino para lo peor. Pues en primer lugar, cuando os reunís como iglesia, oigo que hay entre vosotros divisiones; y en parte lo creo. Porque es preciso que entre vosotros haya disensiones, para que se hagan manifiestos entre vosotros los que son aprobados. Cuando, pues, os reunís vosotros, esto no es comer la cena del Señor. Porque al comer, cada uno se adelanta a tomar su propia cena; y uno tiene hambre, y otro se embriaga. Pues qué, ¿no tenéis casas en que comáis y bebáis? ¿O menospreciáis la iglesia de Dios, y avergonzáis a los que no tienen nada? ¿Qué os diré? ¿Os alabaré? En esto no os alabo. Porque yo recibí del Señor lo que también os he enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí. Asimismo tomó también la copa, después de haber cenado, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí. Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo. Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros. Si alguno tuviere hambre, coma en su casa, para que no os reunáis para juicio. Las demás cosas las pondré en orden cuando yo fuere. (RVR60)
1 Corintios 11:17-34
Tomaremos entonces el tiempo para leer y entender lo que el apóstol Pablo escribió (inspirado por el Espíritu Santo) acerca de esta ordenanza de la iglesia.
Ahora, ¿para qué hacer la cena del Señor? ¿Cuál es la razón, o el propósito?
La cena del Señor es una conmemoración del sacrificio precioso que Cristo hizo por nosotros, y en este texto que estudiaremos, el apóstol Pablo nos deja claro cuáles son los propósitos de tomar la cena del Señor.
La cena del Señor… ¿Para qué?
I. PARA RECORDARNOS DE NUESTRA COMUNIÓN
En estos versos lo que vemos es una amonestación, un regaño de parte del apóstol para la iglesia de Corinto (“En esto no os alabo”); y la amonestación tiene que ver con la falta de comunión que oye que hay en la iglesia, a causa de la división y las disensiones que existen.
Al parecer, las disensiones más evidentes se daban porque algunos hacían gran diferenciación entre una clase social y otra (ricos y pobres); y esto se hacía manifiesto durante las reuniones de la iglesia en general, y más específicamente durante la celebración de la cena del Señor.
Este pasaje nos muestra algo en que nosotros, como iglesia, no estamos exentos: División y disensiones entre nosotros. A manera de argumento, el apóstol menciona que es ante estas situaciones difíciles, con personas difíciles, que se manifiestan los que son aprobados, los maduros ( Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. (RVR60)
Romanos 15:1).
Y es que cuando en la iglesia se introduce el cáncer de la competencia (en lugar del trabajo en equipo); de la comparación (en lugar de la comunión); de la envidia (en lugar de gozarnos por el otro); del creerse superior (en lugar de edificarnos por amor), es cuando todos perdemos… es cuando hemos olvidado de qué se trata el partimiento del pan.
El texto nos deja ver algunas actitudes específicas que causan esto: Egoísmo (cada uno come su propia cena), menosprecio a los demás (menospreciando la iglesia de Dios), finalmente buscando avergonzar a otros (específicamente a los que no tienen nada). Estamos hablando que hacer sentir mal a los demás SÍ IMPORTA ( Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor, porque por ti, oh hermano, han sido confortados los corazones de los santos. (RVR60)
Filemón 1:7).
¡Cuidado! Nosotros como iglesia no estamos exentos de eso. Te propongo que todo comienza cuando creemos que cualquiera que sea nuestra “ventaja” nos permite menospreciar a los demás y avergonzarles (tenemos más dinero, más conocimiento, más firmes convicciones, más títulos, más personalidad, más tiempo en el Señor, mejores hijos), escudándonos en posturas sociales, en enseñanzas prepotentes, en comentarios mordaces, que lo único que hacen es avergonzar a otros ( Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido? (RVR60)
.1 Corintios 4:7).
Tomar la cena del Señor nos recuerda de la comunión que debe existir entre nosotros (1 Corintios 10:16). Esa comunión se da al compartir el mismo pensar y doctrina (Hechos 2:42); a la hora de enseñar o corregir a otros teniendo un espíritu de mansedumbre (Romanos 12:16; Gálatas 6:1-2); consolando a los que lloran… alegrándonos con los que se alegra (Romanos 12:15); orando juntos por lo que consideramos importante (Hechos 4:24); trabajando como un solo hombre por causa del evangelio (Filipenses 1:27).
II. PARA RECORDARNOS DE NUESTRO AGRADECIMIENTO
1 Corintios 11:23-26
Luego, el apóstol establece cómo le fue entregada y cómo debe realizarse la cena del Señor, como una conmemoración y anuncio de la muerte del Señor hasta que Él venga.
Si observas conmigo el texto, verás que este es una ordenanza dada por el Señor Jesucristo “la noche que fue entregado”. Es evidente que se trata de la celebración de la última Pascua que nuestro Señor tuvo con sus discípulos, allá en el aposento alto la noche antes de morir.
Ahora, si observas esta ordenanza, ves que se trata de hacer memoria del acto de amor más grande que ha existido. Se trata del ejemplo del Maestro de estar agradecido aun en medio de tribulación—“dio gracias” (1 Pedro 2:21-23). Se trata de Su cuerpo que fue partido POR NOSOTROS—“por vosotros es partido” (1 Pedro 2:24-25; Colosenses 1:21-22). Se trata del nuevo pacto en Su sangre que nos permite la vida eterna y herencia en el cielo—“el nuevo pacto en mi sangre” (Hebreos 9:11-15). Y partimos el pan y tomamos jugo de la vid, para recordar cuán grande sacrificio ha hecho Cristo por nosotros—“haced esto en memoria de mí” (no lo hacemos por transubstanciación). ¡Guau! ¡Qué tremenda bendición hemos recibido!
Por eso tú y yo debemos vivir agradecidos—por cierto eso significa “eucaristía” que viene de la palabra en Griego que significa “acción de gracias”. Tenemos salvación en Su cuerpo partido por nosotros… tenemos herencia en el nuevo pacto en Su sangre que ha hecho con nosotros… tenemos la certeza de que Él vendrá a llevarnos… La cena del Señor sirve para hacer memoria de esta preciosa verdad: Su sacrificio nos da vida eterna y una vida con propósito (Gálatas 1:3-5; 2 Timoteo 4:18; 1 Pedro 5:10-11; Judas 24-25; Apocalipsis 5:13).
III. PARA RECORDARNOS DE NUESTRA REFLEXIÓN
Finalmente, el texto nos señala lo importante de tomar esto con seriedad; reflexionando, examinándonos a nosotros mismos, si estamos tomando la cena del Señor para los propósitos correctos, o si lo estamos haciendo indignamente.
Hermanos, lo que tendremos esta mañana, y cada vez que celebremos la cena del Señor, es un momento para reflexionar acerca de nuestra comunión con otros y nuestro agradecimiento profundo con el Señor. Si Su Santo Espíritu nos lleva a la convicción que debemos ponernos a cuentas con algún hermano, este es el momento. Si debemos ponernos a cuentas con Dios, este es el momento.
No tomemos Su presencia y su ordenanza a la ligera. Los hermanos de Corintios lo hicieron, y el resultado fue el castigo de Dios sobre sus vidas (Por cierto, ¡Dios castiga! Y Él defiende Su iglesia—Hebreos 12:4-10).
Si tomamos la cena del Señor sin examinarnos a nosotros mismos si estamos estorbando la comunión que debemos tener como cuerpo; o sin rendir el culto, la adoración en agradecimiento por Su precioso sacrificio, la estamos tomando indignamente, sin discernir el cuerpo (sin darle a Su cuerpo—la iglesia y Su cuerpo sacrificado—la importancia que merece).
Por esto llevamos a la congregación a reflexionar.
La muestra bíblica de que eres parte de esta comunión del cuerpo de Cristo, es el bautismo. La forma en que sabemos que has recibido a Cristo es a través del bautismo, así que si una persona no se ha bautizado, ¡debe bautizarse! y por eso le pedimos que se limite a participar de la cena del Señor observando (sin tomar los elementos). Ese es el orden correcto (1 Corintios 10:1-4).
Si es bautizado de forma bíblica, por inmersión completa en agua, le pedimos que participe de la cena del Señor tomando los elementos, con una profunda consciencia de la maravillosa obra de Cristo en la cruz… con un profundo agradecimiento y adoración al único que es digno.