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Ordenanzas

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>Nuestro Señor Jesucristo nos dejó solamente dos ordenanzas, dos ritos que debemos hacer constantemente como iglesia: El bautismo y la cena del Señor.

La Cena del Señor - 1 Corintios 11:17-34

Tomaremos entonces el tiempo para leer y entender lo que el apóstol Pablo escribió (inspirado por el Espíritu Santo) acerca de esta ordenanza de la iglesia. 

Ahora, ¿para qué hacer la cena del Señor? ¿Cuál es la razón, o el propósito?

La cena del Señor es una conmemoración del sacrificio precioso que Cristo hizo por nosotros, y en este texto que estudiaremos, el apóstol Pablo nos deja claro cuáles son los propósitos de tomar la cena del Señor.

La cena del Señor… ¿Para qué?

I. PARA RECORDARNOS DE NUESTRA COMUNIÓN

[[1 Corintios 11:17-22]]

En estos versos lo que vemos es una amonestación, un regaño de parte del apóstol para la iglesia de Corinto (“En esto no os alabo”); y la amonestación tiene que ver con la falta de comunión que oye que hay en la iglesia, a causa de la división y las disensiones que existen.

Al parecer, las disensiones más evidentes se daban porque algunos hacían gran diferenciación entre una clase social y otra (ricos y pobres); y esto se hacía manifiesto durante las reuniones de la iglesia en general, y más específicamente durante la celebración de la cena del Señor.

Este pasaje nos muestra algo en que nosotros, como iglesia, no estamos exentos: División y disensiones entre nosotros. A manera de argumento, el apóstol menciona que es ante estas situaciones difíciles, con personas difíciles, que se manifiestan los que son aprobados, los maduros (Romanos 15:1).

Y es que cuando en la iglesia se introduce el cáncer de la competencia (en lugar del trabajo en equipo); de la comparación (en lugar de la comunión); de la envidia (en lugar de gozarnos por el otro); del creerse superior (en lugar de edificarnos por amor), es cuando todos perdemos… es cuando hemos olvidado de qué se trata el partimiento del pan.

El texto nos deja ver algunas actitudes específicas que causan esto: Egoísmo (cada uno come su propia cena), menosprecio a los demás (menospreciando la iglesia de Dios), finalmente buscando avergonzar a otros (específicamente a los que no tienen nada). Estamos hablando que hacer sentir mal a los demás SÍ IMPORTA (Filemón 1:7).

¡Cuidado! Nosotros como iglesia no estamos exentos de eso. Te propongo que todo comienza cuando creemos que cualquiera que sea nuestra “ventaja” nos permite menospreciar a los demás y avergonzarles (tenemos más dinero, más conocimiento, más firmes convicciones, más títulos, más personalidad, más tiempo en el Señor, mejores hijos), escudándonos en posturas sociales, en enseñanzas prepotentes, en comentarios mordaces, que lo único que hacen es avergonzar a otros (1 Corintios 4:7).

Tomar la cena del Señor nos recuerda de la comunión que debe existir entre nosotros (1 Corintios 10:16). Esa comunión se da al compartir el mismo pensar y doctrina (Hechos 2:42); a la hora de enseñar o corregir a otros teniendo un espíritu de mansedumbre (Romanos 12:16; Gálatas 6:1-2); consolando a los que lloran… alegrándonos con los que se alegran (Romanos 12:15); orando juntos por lo que consideramos importante (Hechos 4:24); trabajando como un solo hombre por causa del evangelio (Filipenses 1:27).

II. PARA RECORDARNOS DE NUESTRO AGRADECIMIENTO

[[1 Corintios 11:23-26]]

Luego, el apóstol establece cómo le fue entregada y cómo debe realizarse la cena del Señor, como una conmemoración y anuncio de la muerte del Señor hasta que Él venga.

Si observas conmigo el texto, verás que este es una ordenanza dada por el Señor Jesucristo “la noche que fue entregado”. Es evidente que se trata de la celebración de la última Pascua que nuestro Señor tuvo con sus discípulos, allá en el aposento alto la noche antes de morir.

Ahora, si observas esta ordenanza, ves que se trata de hacer memoria del acto de amor más grande que ha existido. Se trata del ejemplo del Maestro de estar agradecido aun en medio de tribulación—“dio gracias” ([[1 Pedro 2:21-23]]). Se trata de Su cuerpo que fue partido POR NOSOTROS—“por vosotros es partido” ([[1 Pedro 2:24-25]]; [[Colosenses 1:21-22]]). Se trata del nuevo pacto en Su sangre que nos permite la vida eterna y herencia en el cielo—“el nuevo pacto en mi sangre” ([[Hebreos 9:11-15]]). Y partimos el pan y tomamos jugo de la vid, para recordar cuán grande sacrificio ha hecho Cristo por nosotros—“haced esto en memoria de mí” (no lo hacemos por transubstanciación). ¡Guau! ¡Qué tremenda bendición hemos recibido!

Por eso tú y yo debemos vivir agradecidos—por cierto eso significa “eucaristía” que viene de la palabra en Griego que significa “acción de gracias”. Tenemos salvación en Su cuerpo partido por nosotros… tenemos herencia en el nuevo pacto en Su sangre que ha hecho con nosotros… tenemos la certeza de que Él vendrá a llevarnos… La cena del Señor sirve para hacer memoria de esta preciosa verdad: Su sacrificio nos da vida eterna y una vida con propósito ([[Gálatas 1:3-5]]; [[2 Timoteo 4:18]]; [[1 Pedro 5:10-11]]; [[Judas 24-25]]; [[Apocalipsis 5:13]]).

III. PARA RECORDARNOS DE NUESTRA REFLEXIÓN

Finalmente, el texto nos señala lo importante de tomar esto con seriedad; reflexionando, examinándonos a nosotros mismos, si estamos tomando la cena del Señor para los propósitos correctos, o si lo estamos haciendo indignamente.

Hermanos, lo que tendremos esta mañana, y cada vez que celebremos la cena del Señor, es un momento para reflexionar acerca de nuestra comunión con otros y nuestro agradecimiento profundo con el Señor. Si Su Santo Espíritu nos lleva a la convicción que debemos ponernos a cuentas con algún hermano, este es el momento. Si debemos ponernos a cuentas con Dios, este es el momento.

No tomemos Su presencia y su ordenanza a la ligera. Los hermanos de Corintios lo hicieron, y el resultado fue el castigo de Dios sobre sus vidas (Por cierto, ¡Dios castiga! Y Él defiende Su iglesia—[[Hebreos 12:4-10]]).

Si tomamos la cena del Señor sin examinarnos a nosotros mismos si estamos estorbando la comunión que debemos tener como cuerpo; o sin rendir el culto, la adoración en agradecimiento por Su precioso sacrificio, la estamos tomando indignamente, sin discernir el cuerpo (sin darle a Su cuerpo—la iglesia y Su cuerpo sacrificado—la importancia que merece).

Por esto llevamos a la congregación a reflexionar.

La muestra bíblica de que eres parte de esta comunión del cuerpo de Cristo, es el bautismo. La forma en que sabemos que has recibido a Cristo es a través del bautismo, así que si una persona no se ha bautizado, ¡debe bautizarse! y por eso le pedimos que se limite a participar de la cena del Señor observando (sin tomar los elementos). Ese es el orden correcto ([[1 Corintios 10:1-4]]).

Si es bautizado de forma bíblica, por inmersión completa en agua, le pedimos que participe de la cena del Señor tomando los elementos, con una profunda consciencia de la maravillosa obra de Cristo en la cruz… con un profundo agradecimiento y adoración al único que es digno.

El Bautismo - [[Mateo 28:19-20]]

Según [[Efesios 4:1-5]], existe un solo bautismo, el mismo bautismo que nos une en un solo cuerpo y que nos da la misma esperanza: el bautismo del Espíritu Santo. Sin embargo, en la Biblia encontramos seis bautismos más. Estos son figuras del bautismo del Espíritu Santo y existen para manifestar algo importante, incluido, por supuesto, el bautismo en agua.

    1. Bautismo de Moisés:
      [[1 Corintios 10:1-2]], este bautismo tuvo lugar cuando los israelitas cruzaron el Mar Rojo. Aunque no eran conscientes de estar siendo bautizados, su cruzar el mar simboliza la salvación y se presenta como un ejemplo para los cristianos, mostrando cómo Dios liberó a Su pueblo.
    2. Bautismo de Juan el Bautista:
      En [[Mateo 3:1-12]], se describe este bautismo como un acto de arrepentimiento dirigido solo a los judíos, preparándolos para la llegada del Mesías. Juan bautizaba con agua y confesión de pecados, mientras que en [[Mateo 3:13-17]], Jesús se bautiza para identificarse con el pueblo y cumplir con la justicia de Dios. Este bautismo fue rechazado por los líderes de Israel, ilustrado en [[Mateo 21:33-40]].
    3. Bautismo de la muerte:
      En [[Mateo 20:20-23]], Jesús hace referencia a este bautismo al hablar de Su sufrimiento. Este bautismo representa la muerte de Cristo y el juicio que Él debía enfrentar, lo que se relaciona con pasajes como [[Mateo 26:42]]. Además, [[Salmos 69:12]] y otros versículos reflejan el sufrimiento y el juicio.
    4. Bautismo de Israel después de la resurrección:
      [[Hechos 2:36]] menciona que después de la resurrección de Jesús, Dios dio a Israel otra oportunidad para aceptar a Su Mesías. Los líderes judíos, al reconocer haber derramado sangre inocente, enfrentaron la posibilidad de arrepentimiento. Antes de la venida de Jesucristo, Juan el Bautista bautizaba con agua para arrepentimiento para manifestar Cristo a Israel como su Mesías. El bautismo de [[Hechos 2:38]] es para manifestar la misma cosa pero, después de la crucifixión y resurrección de Cristo.
    5. Bautismo de los gentiles en agua:
      Este bautismo empieza a mencionarse en Hechos 8 y 10, donde el evangelio, después del rechazo de los líderes judíos, se extiende a los gentiles. En [[Hechos 10:34-36]], Pedro se da cuenta de que Dios no hace acepción de personas y que el mensaje de salvación es para todos. Se realiza en cumplimiento de [[Mateo 28:19-20]].
    6. Bautismo del Espíritu Santo:
      Este es referido en [[1 Corintios 12:13]] y se presenta como el verdadero bautismo, el que une a todos en un solo cuerpo. Pablo enfatiza en [[Romanos 8:9]] que la posesión del Espíritu Santo es esencial para la salvación, mientras que en [[Efesios 4:5]] se habla de un solo bautismo, el del Espíritu.
    7. Bautismo del fuego:
      En [[Mateo 3:10-12]], se menciona que el bautismo del fuego está relacionado con el juicio, no siendo una experiencia deseable para los creyentes. Este bautismo es descrito como el destino de los no justos y se asocia con el infierno, en contraste con el bautismo que otorga vida.

El bautismo es uno de los actos más significativos en la vida cristiana, ya que simboliza la identificación del creyente con la muerte, sepultura y resurrección de Jesucristo. A través de este acto, el creyente hace pública su fe y se integra plenamente a la comunidad de la iglesia.

  1. LA IMPORTANCIA DEL BAUTISMO
    1. Ordenanza de Jesucristo.
      En [[Mateo 28:19-20]], Jesús ordena a sus discípulos que vayan por todo el mundo y hagan discípulos, bautizándolos. Este mandato resalta la importancia del bautismo como un requisito para todos los seguidores de Cristo. La inmersión es esencial porque simboliza la muerte al pecado y el nacimiento a una nueva vida en Cristo.
    2. Un acto de obediencia.
      El bautismo es un primer paso de obediencia. En el ejemplo de Jesús, quien se dejó bautizar en el río Jordán ([[Mateo 3:13-17]]), vemos que incluso Él, siendo sin pecado, se sometió a esta práctica. Esta obediencia es un reflejo de nuestro compromiso hacia la enseñanza y los mandatos de Dios.

II. PROPÓSITO DEL BAUTISMO

  1. Testimonio público

[[Romanos 6:3-4]] nos dice que, al ser bautizados, somos identificados con Cristo en su muerte y resurrección. El bautismo en agua es un testimonio ante los demás de nuestra transformación espiritual y de nuestra decisión de seguir a Jesús. El bautismo no es un requisito para la salvación, sino una manifestación de esta. Como se menciona en [[Efesios 2:8-9]], somos salvos por gracia mediante la fe, y el bautismo es una demostración externa de esa obra interna.

En [[Hechos 2:41]] se narra que aquellos que recibieron el mensaje de Pedro fueron bautizados; lo mismo ocurrió en el caso del eunuco ([[Hechos 8:36-39]]), quien fue bautizado inmediatamente después de confesar su fe. La inmediatez en el bautismo subraya su importancia en el proceso de conversión.

III. ¿POR QUÉ POR INMERSIÓN?

  1. El significado de sumergir

La palabra "bautizar" proviene del griego baptizo, que significa "sumergir". Este acto representa la completa identificación con la muerte y resurrección de Cristo. En la Biblia, nunca se encuentra un ejemplo de bautismo que no sea por inmersión total.

IV. REQUISITOS PARA EL BAUTISMO

  1. Ser salvo

Según Romanos 10:9-10, el único requisito para el bautismo es la fe en Cristo. Esto implica un compromiso interno que debe expresarse públicamente. No se necesita ser teólogo o tener una educación formal para ser bautizado; la condición fundamental es confesar a Jesucristo como Señor.

V. ¿CUÁNDO DEBE SUCEDER EL BAUTISMO?

  1. Inmediatamente después de la conversión

La práctica de los apóstoles muestra que los creyentes eran bautizados inmediatamente después de aceptar a Cristo. En [[Hechos 10:47-48]], Pedro ordena que los recién convertidos sean bautizados. Esta inmediatez resalta la urgencia y la importancia de dar este paso de obediencia.

No hay un tiempo de espera recomendado entre la conversión y el bautismo. Este acto debe ser una respuesta rápida y fiel al llamado de Dios, como se ve en el caso del apóstol Pablo, quien fue bautizado inmediatamente después de recuperar la vista ([[Hechos 9:17-19]]).

VI. ¿CÓMO DEBE HACERSE?

  1. Públicamente

El bautismo debe celebrarse en presencia de otros, ya que es un testimonio público de la fe. La comunidad de creyentes desempeña un papel vital en este acto, al apoyar y celebrar la decisión del nuevo creyente.