III. ¿Cómo debe ser nuestra manera de vivir ahora que somos hijos de Dios
Al igual que un buen hijo agrada a su padre, debemos vivir de manera que agrademos a Dios.
Debemos vivir en comunión con Dios cada día. Cualquier pecado rompe esa comunión y debe dolernos profundamente.
La Biblia nos dice que aún tenemos un conflicto dentro de nosotros. De hecho, ahora tenemos dos naturalezas. [[Colosenses 3:5-10]]
Tenemos al viejo hombre (la antigua naturaleza) el cual es físico, pecaminoso y a imagen de Adán.
Pero ahora también tenemos al nuevo hombre (la nueva naturaleza) que es perfecto, espiritual y a imagen de Dios.
Mientras estemos en esta tierra estas dos naturalezas estarán presentes, peleando para tomar el control de nuestra vida.
Debemos estar conscientes de que la naturaleza que alimentemos mejor será la que dominará nuestras actitudes y nuestra conducta:
Digo, pues: andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.” [[Gálatas 5:16-17]]
Por eso tratemos de mantener una dieta espiritual apropiada, leyendo la Palabra, orando y aprendiendo de la enseñanza de la Biblia impartida en nuestra iglesia local. [[Gálatas 6:7-8]]
Cuando pequemos, confesemos inmediatamente nuestra ofensa a Dios para mantener nuestra comunión con él. [[Lucas 11:4]]
Debemos confesar nuestro pecado a Dios. Hagámoslo orando en el momento en que nos demos cuenta de que lo ofendimos, sin importar el lugar en que nos encontremos. [[Salmos 32:5-6]]
Notemos que la Biblia jamás nos pide que nos confesemos con un hombre para que nos absuelva de nuestras faltas.
La única ocasión en la que debemos confesar nuestras faltas a un hombre es cuando lo hemos ofendido personalmente, y estamos pidiéndole que nos perdone. [[Santiago 5:16]]