M3 Sesión 3
DIEZ PRINCIPIOS FUNDAMENTALES DE LA INTERVENCIÓN BÍBLICA
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- La gente necesita ser amada
- Ame a la gente dándole esperanzas como un embajador de Cristo ([[2 Corintios 5:17-21]]; [[Colosenses 3:12-17]]). Algo que parece que los cristianos olvidamos fácilmente es que amar a Dios es amar a la gente ([[1 Juan 4:20-21]]). Lo mismo sucede para los no creyentes ([[Romanos 9:3]]). Amar implica deseo de lo bueno, esfuerzo por conseguirlo y gozo porque lo obtuvo la persona amada. Nadie viene a un consejero para ser tratado sin amor, y nadie regresa a un consejero que no parece interesarse con amor en su aconsejado.
- Una de las posturas clásicas de la mayor parte de las corrientes psicológicas es que debe existir una distancia emocional entre quien aconseja y quien es aconsejado. La idea es, por supuesto, proteger al consejero de cargarse de manera extrema. No es una mala idea, pero puede ser llevada a un extremo no bíblico. La gente se sabrá amada (recordemos que la percepción tiene mucho que ver) cuando les mostramos interés que pueda interpretarse como “genuino” de manera fácil.
- Cuando respetamos a la persona (entendiendo que “su” problema es el más grande que existe para él en esos momentos), escuchamos sin interrumpir ([[Proverbios 18:13]]), mantenemos la confidencialidad (sin que haya secreto de confesión), comprendemos de manera misericordiosa y sin juicio su situación ([[Santiago 1:19-20]]; [[Proverbios 16:6]]) aconsejamos amablemente con la verdad ([[2 Timoteo 2:24]]); y le animamos a ser como Jesús estamos amándoles de la forma correcta. Aunque el aconsejado jamás lo sepa, orar por él o ella (así como con él y con ella) es parte de la manera en que un consejero ama a su aconsejado.
- Ame a la gente dándole esperanzas como un embajador de Cristo ([[2 Corintios 5:17-21]]; [[Colosenses 3:12-17]]). Algo que parece que los cristianos olvidamos fácilmente es que amar a Dios es amar a la gente ([[1 Juan 4:20-21]]). Lo mismo sucede para los no creyentes ([[Romanos 9:3]]). Amar implica deseo de lo bueno, esfuerzo por conseguirlo y gozo porque lo obtuvo la persona amada. Nadie viene a un consejero para ser tratado sin amor, y nadie regresa a un consejero que no parece interesarse con amor en su aconsejado.
- La gente necesita ser amada
> [card hero-accent center title="La verdad sin amor puede herir. El amor con verdad puede sanar."]
> [card title="Aplicación para el mentor:"]
> Escuche activamente, sin interrumpir. Ore con y por su discípulo. Sea compasivo, no condescendiente.
> [card title="Consejo práctico:"]
> No aconseje sin antes haber orado. Pregunte a su discípulo al final: “¿Te sentiste escuchado?”
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- El consejero debe conocer bien a su aconsejado
- Conozca a la gente haciendo buenas preguntas del tipo de “¿qué?, ¿cómo?, ¿por qué?” mientras enseña a la gente a verse mediante lentes bíblicos. Una de las tareas del consejero es ayudar a su aconsejado a ordenar los pensamientos ([[Proverbios 20:18]]). Es raro que la persona exprese de manera directa el problema en sí, y es común que lo que manifieste sean los síntomas del problema.
- Trate de entender las relaciones que él le describa, las acciones involucradas, las reacciones a las situaciones presentadas y los motivos que él mismo puede discernir. Haga preguntas abiertas cuando se trate de entender el problema y haga preguntas cerradas solamente cuando esté llevando a su aconsejado a ser confrontado con la verdad de la Escritura.
- MacArthur propone que “los consejeros verán mucho mejores resultados cuando reúnen información haciendo preguntas tales como:
¿Cuál es su problema? ¿Qué está pasando? ¿Qué quiere decir? ¿Qué ha hecho acerca de esto? ¿Qué ha sido de ayuda? ¿Qué fue lo que empeoró? ¿Qué piensa acerca de esto?
Otras preguntas útiles comienzan con la palabra cómo: ¿Cómo se siente? ¿Cómo actuó usted? ¿Cómo reaccionó usted? ¿Cómo trató de solucionarlo? ¿Cómo podría ser yo de ayuda?”2 - El “porqué” es regularmente usado como pregunta de seguimiento, para clarificar el qué y el cómo cuando este sea necesario. Evite preguntar el “porqué” de alguien que no está presente o que no participó en la acción de la que se está hablando.
- El consejero debe conocer bien a su aconsejado
> [card hero-accent center title="No puede ayudar sin entender. Preguntar es amar."]
> [card title="Aplicación para el mentor:"]
> Use preguntas abiertas para conocer motivaciones, miedos y valores.
> [card title="Herramienta:"]
> Desarrolle una plantilla de preguntas básicas para primeros encuentros de discipulado.
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- El consejero debe conocer bien a su aconsejado
- Diga la verdad de Dios para la vida de otros, no su opinión personal ([[Efesios 4:15]]). Uno de los problemas más comunes de parte del consejero es tratar de ofrecer una solución sin que esta parta de las Escrituras.
- Haga el compromiso de que se mantendrá apegado a “los consejos antiguos” que tienen la verdad ([[Isaías 25:1]]).
- Evite las modas (aún las cristianas) en lo que se refiere a métodos y sistemas y trate de compartir lo único que puede ayudar a la persona a cumplir el propósito de Dios para su vida. [[1 Reyes 12]].
- El consejero debe conocer bien a su aconsejado
> [card hero-accent center title="La Palabra es suficiente. Nuestros consejos deben estar saturados de Escritura, no de experiencias personales o modas."]
> [card title="Aplicación para el mentor:"]
> No dé consejos sin haber mostrado el principio bíblico detrás.
> [card title="Ejercicio:"]
> En cada sesión, deje al discípulo con un pasaje para meditar o memorizar.
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- El cambio debe traducirse en acción
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Anime a la gente a hacer los cambios que Dios quisiera que se hicieran en su situación actual asignando tareas basadas en la Biblia ([[Santiago 2:14-17]]). El arrepentimiento genuino se manifiesta en decisiones y conductas prácticas. La obediencia a la Palabra no puede quedarse en buenas intenciones o emociones momentáneas; debe materializarse en pasos claros que reflejen una fe viva y activa.
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Jesús mismo enseñó que el que oye sus palabras y las pone en práctica es como el hombre prudente que edifica sobre la roca ([[Mateo 7:24-25]]), resistiendo las tormentas de la vida. Por ello, el mentor debe ayudar a su discípulo a traducir el aprendizaje bíblico en acciones concretas que glorifiquen a Dios en lo cotidiano: reconciliarse con un hermano, cortar con un hábito pecaminoso, practicar la generosidad o servir en la iglesia.
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- El cambio debe traducirse en acción
> [card title="Aplicación para el mentor:"]
> Asigna tareas concretas y bíblicas: orar con alguien, pedir perdón, leer un salmo diario, etc.
> [card title="Consejo práctico:"]
> Da seguimiento. Pregunta la siguiente semana cómo le fue. Celebra las victorias espirituales.
Conclusión
Como mentores, somos colaboradores de Dios en la formación de Cristo en otros ([[Gálatas 4:19]]). Nuestro rol no es resolver todos los problemas, sino dirigir al discípulo a la suficiencia de Cristo, guiarlos a pensar bíblicamente, y amarles con el amor redentor con que Dios nos amó a nosotros. “Y el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija…” ([[2 Timoteo 2:24–25]]).
Ser mentor implica un compromiso que va más allá de la instrucción; es caminar junto a otros, modelando una vida de fe y obediencia que respalde nuestras palabras. El apóstol Pablo exhorta a Timoteo a ser ejemplo “en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” ([[1 Timoteo 4:12]]), recordándonos que la autoridad espiritual no proviene de imponer, sino de servir e inspirar con una vida coherente. Un mentor eficaz no se limita a impartir principios, sino que muestra cómo estos se viven en la práctica diaria, especialmente en momentos de prueba y crisis.
Además, debemos recordar que la obra de transformación pertenece al Espíritu Santo; nosotros solo sembramos y regamos, pero Dios es quien da el crecimiento ([[1 Corintios 3:6-7]]). Esta verdad nos libra de la carga de sentirnos indispensables y nos mantiene dependientes de la gracia divina. En cada conversación, oración y tarea asignada, nuestro objetivo final es que el discípulo aprenda a depender de Cristo, no de nosotros. Así, al finalizar cada proceso de consejería o acompañamiento, podremos decir como Pablo: “No con astucia ni adulterando la palabra de Dios, sino por la manifestación de la verdad, recomendándonos a toda conciencia humana delante de Dios” ([[2 Corintios 4:2]]).