¿Qué implica la libertad que recibimos al haber sido perdonados de nuestros pecados?
- Implica que en el futuro Dios nos librará de la presencia del pecado.
- Mientras estemos en el cuerpo, todos los creyentes seguiremos pecando. Como ya aprendimos, cuando esto suceda, debemos confesarlo a Dios inmediatamente. [[Lucas 11:4]]
- Cuando seamos llevados al cielo, literalmente será imposible pecar, pues ya no estaremos más en la presencia del pecado. [[1 Corintios 15:54-56]]
- Implica que Dios ya nos ha librado de la pena del pecado.
- La pena eterna del pecado es la condenación en el infierno.
[[2 Tesalonicenses 1:8-9]] - Al creer en Cristo, él nos libró de tal condenación; [[Juan 3:18]] lo declara:
“El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios”
- La pena eterna del pecado es la condenación en el infierno.
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> Ahora somos libres del poder del pecado.
- Implica que Dios nos ha librado del poder del pecado.
- Antes de convertirnos no teniamos la capacidad de decidir “no pecar”, ya que éramos esclavos del pecado, tal como lo enseña [[Juan 8:34]]:
“Jesús les respondió: De cierto, de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado.”
- Al convertirnos, Cristo nos libró de la esclavitud del pecado. Sin embargo, el propósito de liberarnos fue hacernos esclavos de la justicia. [[Romanos 6:17-18]]
- Aunque ahora somos libres, ésto no nos da libertad para hacer lo que queramos. Estamos limitados por los deseos de Dios, quien es nuestro nuevo amo. Conduzcámonos de acuerdo a lo que nos instruye [[1 Pedro 2:16]]:
“como libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios.”
- [[Gálatas 5:13-14]] establece que esta libertad nuestra nos hace responsables de amar a quienes nos rodean, cuidando que nuestras decisiones, y por ende nuestra conducta, no les afecten negativamente.
- Antes de convertirnos no teniamos la capacidad de decidir “no pecar”, ya que éramos esclavos del pecado, tal como lo enseña [[Juan 8:34]]: